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Nombre: Elena Pérez Elena
Curso: 4º ESO (16 años)
Centro: IES Juan Bautista Porcar (Castellón)
"Primer día"
Planteamiento
(Laura Gallego)
Ram caminaba despacio hacia su nueva escuela. Todo era nuevo, en realidad: la ciudad, el idioma, la comida, las costumbres, la gente... Sabía que él era distinto y eso le producía una cierta sensación de incomodidad, como una bola en el estómago que no se deshacía por más que tragara y tragara. Notaba las miradas de las personas con las que se cruzaba en la calle: algunas curiosas, otras extrañadas, otras alarmadas o incluso hostiles. Ram sabía que no todo el mundo veía con buenos ojos que la «gente como él» conviviera con ellos... con sus hijos. Le habían explicado que no pasaba nada, que había programas de integración en otros centros y que, pese a algunos incidentes aislados, todo estaba saliendo más o menos bien. La gente se acostumbraba a la presencia de los chicos como él, terminaban por dejar de mirarlos como a bichos raros y a aceptarlos como parte del grupo. Sin embargo, también era muy consciente de que en aquel barrio, en aquella escuela, él sería el primero. «Un pionero», habían dicho sus padres con orgullo. Ram sabía que también para ellos había sido muy duro dejar su hogar y empezar desde cero en otro sitio. Al principio había sido una aventura emocionante, pero, a aquellas alturas, y tan sólo un mes después de haber llegado, los problemas parecían insalvables. Y Ram lo intentaba, de verdad que sí, pero resultaba duro renunciar a todo lo que había dejado atrás, sobre todo cuando la gente no dejaba de mirarlo con suspicacia sólo por su aspecto. Bueno, era mucho más que su aspecto; era su forma de ver la vida, su mentalidad, sus hábitos... pero todo empezaba con la primera mirada, con aquel momento en que alguien le echaba un vistazo y se ponía a la defensiva. Y Ram estaba cansado de luchar para derribar esa barrera. Quería creer que era algo inconsciente, que el ser humano reaccionaba instintivamente ante todo el que era diferente. Pero aquella idea le hacía sentir una profunda desesperanza: si era algo tan arraigado en la genética humana, ¿cómo superar esa desconfianza instintiva?

Ram franqueó la puerta de entrada de la escuela fingiendo que no notaba las miradas perplejas y desconfiadas de sus compañeros, que no escuchaba sus murmullos: «Mira, es ése», «¡Vaya bicho raro!», «Mi madre dice que, por mucho que digan que vienen de buen rollo, no son de fiar...», «Ojalá no lo pongan en nuestra clase»...

Sí, iba a ser un día muy largo.

Entró en el aula que le habían asignado y se sentó enseguida, en primera fila, un sitio que sabía que nadie quería. No le sorprendió que nadie se sentara a su lado. Sacó un libro en español y se puso a leerlo, para ampliar vocabulario, cerrando su mente a los comentarios de los demás chicos, hasta que entró el profesor y puso orden. Ram alzó la cabeza y esperó a que sucediera lo inevitable.

–Bien –empezó el profesor cuando todos estuvieron sentados y más o menos callados–, todos sabéis que nuestra escuela va a acoger este curso a alguien muy especial... se llama Ram’ez’abaigkiak, pero nos ha dicho que podemos llamarlo simplemente Ram. ¿Puedes levantarte un momento, Ram?

El joven respiró hondo y obedeció. Mientras se volvía hacia sus compañeros, escuchó de nuevo sus murmullos, sus risitas, mientras lo taladraban con la mirada, fijándose en su pelaje moteado, en sus tres globos oculares, en sus largos brazos y en sus manos acabadas en garras prensiles. Nada extraño en el mundo del que procedía. Toda una rareza en la Tierra, como testimoniaban el pesado traje que llevaba para compensar la alta gravedad de su nuevo hogar y los filtros implantados en sus fosas nasales que le permitían respirar el aire oxigenado de la Tierra, venenoso para los de su especie.

–Ram viene de un planeta cercano a la estrella Alfa Centauri, del que todos habréis oído hablar, porque es el único, aparte del nuestro, en el que sabemos que existe vida inteligente. Hace ya tiempo que estamos intercambiando embajadores para estrechar lazos entre ambos mundos, y tenemos la suerte de que nuestra escuela haya sido aceptada dentro del programa de acogida. Estoy seguro de que todos aprenderemos muchísimas cosas de él y de su planeta, y de que este intercambio cultural nos enriquecerá como personas y nos ayudará a ampliar horizontes...

Ram se dio cuenta de que casi nadie escuchaba al profesor. Los jóvenes humanos de la clase lo miraban con expresión hostil. Era extraño, pensó; aquellos chicos y chicas pertenecían a distintas razas y culturas que hasta hacía muy poco habían estado enfrentadas. Pero ahora había descubierto a alguien con quien tenían mucho menos en común, y habían formado una piña ante la «amenaza» exterior. Todos los humanos unidos contra el alienígena, se dijo Ram con amargura. ¿Estaba esa idea inscrita en la esencia de aquellas criaturas? ¿Unirse a sus semejantes en contra del que parece diferente?
Nudo
(Marcos Senna)
Las preguntas que Ram se formulaba provocaron el centelleo involuntario de sus tres ojos, un chispazo que fue percibido por María, la chica sentada más cerca de él. María no supo interpretar aquel destello y sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

En los meses anteriores María había recibido, junto al resto de compañeros, charlas y sesiones informativas impartidas por importantes científicos, sociólogos, historiadores y astrónomos. Les habían hablado sobre Alta Centauri, su cultura, las formas de vida, la biología de sus habitantes… A ella, además, la habían seleccionado como la compañera de Ram más cercana físicamente porque había demostrado un enorme interés y curiosidad por todo lo relativo a aquel lejano mundo. Y también porque durante el curso anterior había defendido abiertamente a Senna, cuando éste se había incorporado al colegio, recién llegado del extranjero. Entonces, Deni y sus amigos habían hecho la vida imposible al nuevo compañero, del que se reían constantemente por su color oscuro y sus desgastadas y holgadas ropas.

Ahora, sin embargo, María experimentaba algo nuevo y desconcertante; una sensación inexplicable de angustia y miedo ante lo desconocido.

María miró de reojo a Ram. Luego percibió los gestos que simuladamente le hacía Senna, en dirección a Deni. La chica observó como éste último cuchicheaba y se reía con sus amigos mientras extraía de su mochila un bote de spray, como esos de pimienta que se utilizan para defensa personal, al tiempo que deletreaba, exagerada y silenciosamente: "en-el-re-cre-o".

Entonces la desconfianza de María hacia el joven centauro se disipó rápidamente. Porque si Ram era un ser racional y emocionalmente sensible, ella no iba a consentir que fuera humillado. La chica buscó la mirada aliada de Senna, y éste asintió con la cabeza.

Los tres ojos de Ram le permitían una extraordinaria visión periférica, con la que captó de inmediato el intercambio de miradas y gestos entre María y Senna, e instintivamente se puso alerta.
Nudo
(Rafael Blasco)
Cuando salieron al recreo, Ram quedó sólo. Ya no le miraban con curiosidad, como al principio, sino con indiferencia. Era muy extraño, sí, pero eso dejó de importarle a los demás chicos. Ellos querían divertirse, hablar de sus cosas, hacer planes para el fin de semana. Unos pensaban ir al cine, otros a la playa.

María y Senna fueron la excepción. Se acercaron a Ram, y le dijeron que querían conocerle. Saber más cosas de Alfa Centauri. Preguntarle si allí había templos o deportes.
Ram estaba inquieto, nervioso. Pero se tranquilizó un poco cuando Senna le dijo que quería ser su amigo.

-Amigo. ¿Qué es ser amigo? –dijo Ram.
-Menuda pregunta más difícil –respondió Senna.

María, que había escuchado aquellas palabras, les dijo que empezaban a ser amigos. Porque estaban a gusto juntos. Porque se contaban cosas.

-¿Y tú también quieres ser mi amiga? –preguntó Ram.
-Claro.

Senna le dijo que, si él quería, podían ir al campo de deportes del colegio. Para jugar al fútbol.

-¿Fútbol? ¿Qué es fútbol?
-Eso sí que es imposible de explicar. Pero vienes conmigo y me ves.
-Yo también voy –dijo María.

Deni, al fondo del patio, trataba de organizar alguna broma a costa de Ram, pero no se atrevió al ver que María y Senna le pasaban cada uno un brazo por encima de los extraños hombros metálicos del nuevo alumno.

Senna le dijo a Ram que se pusiera en una portería. Luego cogió un balón y lo situó en el borde del área grande. María le dijo a Ram que tenía que evitar que el balón entrara por el rectángulo que delimitaban unas barras de acero pintadas de blanco.

Senna era el chico de todo el colegio que mejor jugaba al fútbol. Lanzó un disparo muy difícil de detener. Era una “hoja seca”, que así llaman a esos chuts que suben con mucha potencia pero que luego comienzan a caer de repente, despistando a los porteros.

Ram detuvo el disparo sin ningún problema. Le bastó alargar uno de sus largos y flexibles tentáculos.

Poco a poco, algunos chicos del colegio se fueron acercando al campo de deportes. Naturalmente, les parecía prodigioso ver a un extraterrestre jugar al fútbol.

Senna siguió disparando. De todos los modos. Pero no fue capaz de marcar ningún gol. Animados, los alumnos que se habían acercado también quisieron probar suerte, pero nadie fue capaz de marcar.

Al final del recreo, cuando sonó el timbre para ir a clase, María quiso disparar un penalty. Ram hizo todo lo posible por detenerlo, pero el balón entró raso, rápido, muy colocado junto al poste. Había sido gol.

De vuelta a clase, varios compañeros se acercaron a felicitar a Ram. María y Senna sonreían satisfechos; habían conseguido aumentar la popularidad del joven alienígena.

Sin embargo, y precisamente por esa nueva adquirida popularidad, Deni y sus amigos se mostraban claramente enfadados. María, que caminaba detrás de ellos, se dio cuenta enseguida. ¿Qué podían hacer Senna y ella para ayudar a Deni a aceptar a Ram?, pensó la chica.
Desenlace
(Elena Pérez Elena)
Iban pasando los días y Ram dejó de ser una “amenaza extraterrestre” para convertirse en el chico más popular de la escuela. A María, acabó por irritarle. Ahora se acercaban a Ram única y exclusivamente por su enorme talento futbolístico, nadie se preocupaba en conocer cómo era él por dentro, y lo peor es que a Ram no le importaba, estaba feliz de haber dejado de ser el chico raro… María y Senna ya no aguantaban más, se sentían frustrados, se sentían vacíos… su Ram estaba cambiando para mal y ellos no lo iban a consentir. Un día por el pasillo, intentaron hacerle entrar en razón. -María, no es para tanto, soy popular, sólo eso. -Ram, abre los ojos, sólo se juntan contigo por tu fama, ¡es que no te das cuenta!-dijo María. -Mira Ram, ya no vienes con nosotros y cada vez te juntas más con Deni…-dejó caer Senna. -Senna, ¡Deni es genial!-exclamó Ram. -¿En serio?-dijo sorprendido, Senna.-Claro…como te acepta tal y como eres…-exclamó sarcásticamente. Por una fracción de segundo Ram pareció apenado, pero solo duró eso, una fracción de segundo. -Ya sé lo que está pasando. Tenéis celos ¿verdad?, la envidia os carcome por dentro-rió amargamente. Desapareced de mi vista, me voy con mis VERDADEROS amigos.-sentenció. Ram se dio la vuelta para juntarse con Deni y su pandilla que le estaban esperando riendo a carcajadas. Mientras se alejaban, Senna, confuso y abrumado, le gritó con lágrimas en los ojos: -Un día me preguntaste qué era ser “amigo” y yo no supe cómo responderte. Ahora sí. Ser amigo es apoyarse el uno al otro, estar para lo bueno y para lo malo, y ahora sé que tú ya no eres mi amigo, me has fallado. -¡Calla llorica!-le gritó Deni. -Nosotros te acogimos cuando nadie lo hizo-continuó Senna,- aunque tuvieses tres ojos y vinieses de otro planeta. -Es cierto-puntualizó María, callada hasta el momento.-¿Qué sentirán tus padres cuando descubran que ahora si eres un verdadero “monstruo”?-dijo con rabia. Pasaron semanas desde esa conversación y Ram comenzó a darle vueltas al asunto, estaba harto de ese planeta, quería volver a su hogar, sin trajes que llevar para poder sobrevivir. Ram contó a Deni sus preocupaciones, tenía miedo a volver a caer en la discriminación de sus primeros días en la Tierra… -Tres ojillos, “tranqui”, tengo la solución a tu problema-dijo Deni. Quítate ese traje tan estúpido que llevas, y conviértete, por fin, en uno de los nuestros, es simple. -¡Moriré si lo hago!-dijo Ram desconcertado. -¿De verdad lo crees?, sólo es una trola que te han contado tus padres, vamos, quítatelo ya… Ram pensó en su madre, en la difícil decisión de mudarse a otro planeta. Recordó sus cabellos pelirrojos ondeando con la brisa centaurista. Su planeta… ¡Cuánto lo echaba de menos! -No-dijo rotundamente Ram, que por fin había comprendido. -¿QUÉ?-dijo furioso Deni.- ¡HE DICHO QUE TE LO QUITES! De repente en un segundo, se vio atrapado en los brazos de Deni, que intentaba desnudarle. Fue entonces cuando aparecieron Senna y María. -Quita tus sucias manos de nuestro amigo.-dijeron a coro. Pero Ram ya había respirado oxigeno. Habían pasado cuatro meses desde el incidente y tras ser sanado en Alfa Centauri, su planeta, Ram regresó a la Tierra, donde sus verdaderos amigos le estaban esperando con los brazos abiertos. María y Senna le habían perdonado y ahora el grupo de amigos era la envidia de todo el colegio. Respecto a Deni… recibió su merecido. Se convirtió en el “pionero” en los intercambios con Alfa Centauri… ¡Qué ironías tiene la vida!-rió Ram cuando se enteró.
curso 2009/2010