María no sabía qué hacer, no encontraba el modo de ayudar a su amigo, incluso había organizado un debate contra el racismo, para ver si hacía cambiar de opinión a Deni. Pero no había funcionado, y ya no le quedaban ideas.
Una mañana la profesora anunció una excursión a unas cuevas cercanas, donde un guía les mostraría las maravillas de las profundidades. Ram, confundido preguntó que era una excursión, y Deni y sus amigos estallaron en miles de risas. Las mejillas de Ram se colorearon de un azul oscuro, y el chico deseó que la tierra se lo tragase, pero la profesora mandó callar a Deni y explicó el significado de la palabra al extraterrestre.
El día de la visita a las cuevas María se sentó con Ram en el autobús, justo delante de Senna y otro chico. Durante todo el viaje Ram no cesó de escuchar risitas molestas al final del autobús, donde se sentaba Deni.
Al llegar a las cuevas, el guía se presentó y avisó a los alumnos muy seriamente que no debían separarse del grupo o se perderían. Todo era extraño para Ram, tan diferente, pero a la vez hermoso. El día pasó rápidamente, y finalmente volvieron al autobús.
La profesora los contó a todos antes de que subieran al autobús, y palideció al descubrir que faltaban dos alumnos, uno de ellos era Deni. Se dividieron para buscarlos, pues no podían andar muy lejos. María, Ram y Senna buscaron juntos, y cuando ya iban a volver, Juan, el compañero de Deni, salió corriendo de la cueva. El chico les contó que Deni y él, se habían separado del grupo sin que nadie se diera cuenta. Deni había resbalado y había caído a una poza, quedándose apoyado en un saliente de la pared, sin poder moverse.
Los tres amigos corrieron en dirección a la cueva, donde escucharon los gritos de Deni. Gracias a Ram, que veía mejor en la oscuridad que cualquier humano, pudieron encontrar al chico, que estaba muy asustado. María y Senna intentaron alcanzar a Deni, pero estaba demasiado lejos, entonces Ram se acercó y estiró su largo brazo.
- Coge mi mano – dijo el joven al ver que él si que llegaba.
Deni miró con desconfianza la mano del extraterrestre, pero finalmente la cogió, era su única esperanza.
- No me sueltes – dijo con miedo.
Ram sujetó fuertemente la mano de Deni, y con ayuda de sus amigos le subió.
Entonces todo pasó muy deprisa, la profesora llegó y abrazó fuertemente a Deni, salieron de la cueva, donde todos felicitaron a Ram por haber salvado al chico, y volvieron a casa. Durante el trayecto Ram volvió a notar una mirada en la espalda, cuando se giró vio a Deni mirándolo, pero esta vez no había desprecio en sus ojos, sino agradecimiento.
Dos días después, la profesora, anunció a la clase que Deni tenía que decir algo importante. El chico se levantó, después de mirar a los tres amigos, comenzó a hablar:
- Siempre pensé que no me podía fiar de nadie distinto a mí, pero ya no creo eso. – Dijo Deni mirando a Ram con una pequeña sonrisa – Ahora se que aunque seamos diferentes por fuera, somos iguales por dentro. Podemos tener costumbres e idiomas diferentes, incluso provenir de otros planetas – añadió mirando a Ram – pero ¿Qué importa eso? ¿Que importa si nuestra mano es blanca, negra o morada? Debemos ayudarnos unos a otros, unirnos y dejar atrás nuestras diferencias.
Después del discurso, Deni volvió a su sitio, no sin antes sonreír amistosamente a Ram, que sintió que había ganado otro amigo.