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Nom: Irene Fernández Mira
Curs: 3º ESO (15 años)
Centre: IES Azorín de Petrer (Alicante)
"Primer dia"
Plantejament
(Laura Gallego)
Ram caminaba despacio hacia su nueva escuela. Todo era nuevo, en realidad: la ciudad, el idioma, la comida, las costumbres, la gente... Sabía que él era distinto y eso le producía una cierta sensación de incomodidad, como una bola en el estómago que no se deshacía por más que tragara y tragara. Notaba las miradas de las personas con las que se cruzaba en la calle: algunas curiosas, otras extrañadas, otras alarmadas o incluso hostiles. Ram sabía que no todo el mundo veía con buenos ojos que la «gente como él» conviviera con ellos... con sus hijos. Le habían explicado que no pasaba nada, que había programas de integración en otros centros y que, pese a algunos incidentes aislados, todo estaba saliendo más o menos bien. La gente se acostumbraba a la presencia de los chicos como él, terminaban por dejar de mirarlos como a bichos raros y a aceptarlos como parte del grupo. Sin embargo, también era muy consciente de que en aquel barrio, en aquella escuela, él sería el primero. «Un pionero», habían dicho sus padres con orgullo. Ram sabía que también para ellos había sido muy duro dejar su hogar y empezar desde cero en otro sitio. Al principio había sido una aventura emocionante, pero, a aquellas alturas, y tan sólo un mes después de haber llegado, los problemas parecían insalvables. Y Ram lo intentaba, de verdad que sí, pero resultaba duro renunciar a todo lo que había dejado atrás, sobre todo cuando la gente no dejaba de mirarlo con suspicacia sólo por su aspecto. Bueno, era mucho más que su aspecto; era su forma de ver la vida, su mentalidad, sus hábitos... pero todo empezaba con la primera mirada, con aquel momento en que alguien le echaba un vistazo y se ponía a la defensiva. Y Ram estaba cansado de luchar para derribar esa barrera. Quería creer que era algo inconsciente, que el ser humano reaccionaba instintivamente ante todo el que era diferente. Pero aquella idea le hacía sentir una profunda desesperanza: si era algo tan arraigado en la genética humana, ¿cómo superar esa desconfianza instintiva?

Ram franqueó la puerta de entrada de la escuela fingiendo que no notaba las miradas perplejas y desconfiadas de sus compañeros, que no escuchaba sus murmullos: «Mira, es ése», «¡Vaya bicho raro!», «Mi madre dice que, por mucho que digan que vienen de buen rollo, no son de fiar...», «Ojalá no lo pongan en nuestra clase»...

Sí, iba a ser un día muy largo.

Entró en el aula que le habían asignado y se sentó enseguida, en primera fila, un sitio que sabía que nadie quería. No le sorprendió que nadie se sentara a su lado. Sacó un libro en español y se puso a leerlo, para ampliar vocabulario, cerrando su mente a los comentarios de los demás chicos, hasta que entró el profesor y puso orden. Ram alzó la cabeza y esperó a que sucediera lo inevitable.

–Bien –empezó el profesor cuando todos estuvieron sentados y más o menos callados–, todos sabéis que nuestra escuela va a acoger este curso a alguien muy especial... se llama Ram’ez’abaigkiak, pero nos ha dicho que podemos llamarlo simplemente Ram. ¿Puedes levantarte un momento, Ram?

El joven respiró hondo y obedeció. Mientras se volvía hacia sus compañeros, escuchó de nuevo sus murmullos, sus risitas, mientras lo taladraban con la mirada, fijándose en su pelaje moteado, en sus tres globos oculares, en sus largos brazos y en sus manos acabadas en garras prensiles. Nada extraño en el mundo del que procedía. Toda una rareza en la Tierra, como testimoniaban el pesado traje que llevaba para compensar la alta gravedad de su nuevo hogar y los filtros implantados en sus fosas nasales que le permitían respirar el aire oxigenado de la Tierra, venenoso para los de su especie.

–Ram viene de un planeta cercano a la estrella Alfa Centauri, del que todos habréis oído hablar, porque es el único, aparte del nuestro, en el que sabemos que existe vida inteligente. Hace ya tiempo que estamos intercambiando embajadores para estrechar lazos entre ambos mundos, y tenemos la suerte de que nuestra escuela haya sido aceptada dentro del programa de acogida. Estoy seguro de que todos aprenderemos muchísimas cosas de él y de su planeta, y de que este intercambio cultural nos enriquecerá como personas y nos ayudará a ampliar horizontes...

Ram se dio cuenta de que casi nadie escuchaba al profesor. Los jóvenes humanos de la clase lo miraban con expresión hostil. Era extraño, pensó; aquellos chicos y chicas pertenecían a distintas razas y culturas que hasta hacía muy poco habían estado enfrentadas. Pero ahora había descubierto a alguien con quien tenían mucho menos en común, y habían formado una piña ante la «amenaza» exterior. Todos los humanos unidos contra el alienígena, se dijo Ram con amargura. ¿Estaba esa idea inscrita en la esencia de aquellas criaturas? ¿Unirse a sus semejantes en contra del que parece diferente?
Nuc
(Marcos Senna)
Las preguntas que Ram se formulaba provocaron el centelleo involuntario de sus tres ojos, un chispazo que fue percibido por María, la chica sentada más cerca de él. María no supo interpretar aquel destello y sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

En los meses anteriores María había recibido, junto al resto de compañeros, charlas y sesiones informativas impartidas por importantes científicos, sociólogos, historiadores y astrónomos. Les habían hablado sobre Alta Centauri, su cultura, las formas de vida, la biología de sus habitantes… A ella, además, la habían seleccionado como la compañera de Ram más cercana físicamente porque había demostrado un enorme interés y curiosidad por todo lo relativo a aquel lejano mundo. Y también porque durante el curso anterior había defendido abiertamente a Senna, cuando éste se había incorporado al colegio, recién llegado del extranjero. Entonces, Deni y sus amigos habían hecho la vida imposible al nuevo compañero, del que se reían constantemente por su color oscuro y sus desgastadas y holgadas ropas.

Ahora, sin embargo, María experimentaba algo nuevo y desconcertante; una sensación inexplicable de angustia y miedo ante lo desconocido.

María miró de reojo a Ram. Luego percibió los gestos que simuladamente le hacía Senna, en dirección a Deni. La chica observó como éste último cuchicheaba y se reía con sus amigos mientras extraía de su mochila un bote de spray, como esos de pimienta que se utilizan para defensa personal, al tiempo que deletreaba, exagerada y silenciosamente: "en-el-re-cre-o".

Entonces la desconfianza de María hacia el joven centauro se disipó rápidamente. Porque si Ram era un ser racional y emocionalmente sensible, ella no iba a consentir que fuera humillado. La chica buscó la mirada aliada de Senna, y éste asintió con la cabeza.

Los tres ojos de Ram le permitían una extraordinaria visión periférica, con la que captó de inmediato el intercambio de miradas y gestos entre María y Senna, e instintivamente se puso alerta.
Nuc
(Rafael Blasco)
Cuando salieron al recreo, Ram quedó sólo. Ya no le miraban con curiosidad, como al principio, sino con indiferencia. Era muy extraño, sí, pero eso dejó de importarle a los demás chicos. Ellos querían divertirse, hablar de sus cosas, hacer planes para el fin de semana. Unos pensaban ir al cine, otros a la playa.

María y Senna fueron la excepción. Se acercaron a Ram, y le dijeron que querían conocerle. Saber más cosas de Alfa Centauri. Preguntarle si allí había templos o deportes.
Ram estaba inquieto, nervioso. Pero se tranquilizó un poco cuando Senna le dijo que quería ser su amigo.

-Amigo. ¿Qué es ser amigo? –dijo Ram.
-Menuda pregunta más difícil –respondió Senna.

María, que había escuchado aquellas palabras, les dijo que empezaban a ser amigos. Porque estaban a gusto juntos. Porque se contaban cosas.

-¿Y tú también quieres ser mi amiga? –preguntó Ram.
-Claro.

Senna le dijo que, si él quería, podían ir al campo de deportes del colegio. Para jugar al fútbol.

-¿Fútbol? ¿Qué es fútbol?
-Eso sí que es imposible de explicar. Pero vienes conmigo y me ves.
-Yo también voy –dijo María.

Deni, al fondo del patio, trataba de organizar alguna broma a costa de Ram, pero no se atrevió al ver que María y Senna le pasaban cada uno un brazo por encima de los extraños hombros metálicos del nuevo alumno.

Senna le dijo a Ram que se pusiera en una portería. Luego cogió un balón y lo situó en el borde del área grande. María le dijo a Ram que tenía que evitar que el balón entrara por el rectángulo que delimitaban unas barras de acero pintadas de blanco.

Senna era el chico de todo el colegio que mejor jugaba al fútbol. Lanzó un disparo muy difícil de detener. Era una “hoja seca”, que así llaman a esos chuts que suben con mucha potencia pero que luego comienzan a caer de repente, despistando a los porteros.

Ram detuvo el disparo sin ningún problema. Le bastó alargar uno de sus largos y flexibles tentáculos.

Poco a poco, algunos chicos del colegio se fueron acercando al campo de deportes. Naturalmente, les parecía prodigioso ver a un extraterrestre jugar al fútbol.

Senna siguió disparando. De todos los modos. Pero no fue capaz de marcar ningún gol. Animados, los alumnos que se habían acercado también quisieron probar suerte, pero nadie fue capaz de marcar.

Al final del recreo, cuando sonó el timbre para ir a clase, María quiso disparar un penalty. Ram hizo todo lo posible por detenerlo, pero el balón entró raso, rápido, muy colocado junto al poste. Había sido gol.

De vuelta a clase, varios compañeros se acercaron a felicitar a Ram. María y Senna sonreían satisfechos; habían conseguido aumentar la popularidad del joven alienígena.

Sin embargo, y precisamente por esa nueva adquirida popularidad, Deni y sus amigos se mostraban claramente enfadados. María, que caminaba detrás de ellos, se dio cuenta enseguida. ¿Qué podían hacer Senna y ella para ayudar a Deni a aceptar a Ram?, pensó la chica.
Desenllaç
(Irene Fernández Mira)
María no sabía qué hacer, no encontraba el modo de ayudar a su amigo, incluso había organizado un debate contra el racismo, para ver si hacía cambiar de opinión a Deni. Pero no había funcionado, y ya no le quedaban ideas. Una mañana la profesora anunció una excursión a unas cuevas cercanas, donde un guía les mostraría las maravillas de las profundidades. Ram, confundido preguntó que era una excursión, y Deni y sus amigos estallaron en miles de risas. Las mejillas de Ram se colorearon de un azul oscuro, y el chico deseó que la tierra se lo tragase, pero la profesora mandó callar a Deni y explicó el significado de la palabra al extraterrestre. El día de la visita a las cuevas María se sentó con Ram en el autobús, justo delante de Senna y otro chico. Durante todo el viaje Ram no cesó de escuchar risitas molestas al final del autobús, donde se sentaba Deni. Al llegar a las cuevas, el guía se presentó y avisó a los alumnos muy seriamente que no debían separarse del grupo o se perderían. Todo era extraño para Ram, tan diferente, pero a la vez hermoso. El día pasó rápidamente, y finalmente volvieron al autobús. La profesora los contó a todos antes de que subieran al autobús, y palideció al descubrir que faltaban dos alumnos, uno de ellos era Deni. Se dividieron para buscarlos, pues no podían andar muy lejos. María, Ram y Senna buscaron juntos, y cuando ya iban a volver, Juan, el compañero de Deni, salió corriendo de la cueva. El chico les contó que Deni y él, se habían separado del grupo sin que nadie se diera cuenta. Deni había resbalado y había caído a una poza, quedándose apoyado en un saliente de la pared, sin poder moverse. Los tres amigos corrieron en dirección a la cueva, donde escucharon los gritos de Deni. Gracias a Ram, que veía mejor en la oscuridad que cualquier humano, pudieron encontrar al chico, que estaba muy asustado. María y Senna intentaron alcanzar a Deni, pero estaba demasiado lejos, entonces Ram se acercó y estiró su largo brazo. - Coge mi mano – dijo el joven al ver que él si que llegaba. Deni miró con desconfianza la mano del extraterrestre, pero finalmente la cogió, era su única esperanza. - No me sueltes – dijo con miedo. Ram sujetó fuertemente la mano de Deni, y con ayuda de sus amigos le subió. Entonces todo pasó muy deprisa, la profesora llegó y abrazó fuertemente a Deni, salieron de la cueva, donde todos felicitaron a Ram por haber salvado al chico, y volvieron a casa. Durante el trayecto Ram volvió a notar una mirada en la espalda, cuando se giró vio a Deni mirándolo, pero esta vez no había desprecio en sus ojos, sino agradecimiento. Dos días después, la profesora, anunció a la clase que Deni tenía que decir algo importante. El chico se levantó, después de mirar a los tres amigos, comenzó a hablar: - Siempre pensé que no me podía fiar de nadie distinto a mí, pero ya no creo eso. – Dijo Deni mirando a Ram con una pequeña sonrisa – Ahora se que aunque seamos diferentes por fuera, somos iguales por dentro. Podemos tener costumbres e idiomas diferentes, incluso provenir de otros planetas – añadió mirando a Ram – pero ¿Qué importa eso? ¿Que importa si nuestra mano es blanca, negra o morada? Debemos ayudarnos unos a otros, unirnos y dejar atrás nuestras diferencias. Después del discurso, Deni volvió a su sitio, no sin antes sonreír amistosamente a Ram, que sintió que había ganado otro amigo.
curs 2009/2010