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Nom: Amina Danfali
Curs: 2º ESO (13 anys)
Centre: Obispo Pont de Vila-Real (Castellón)
"Primer dia"
Plantejament
(Laura Gallego)
Ram caminaba despacio hacia su nueva escuela. Todo era nuevo, en realidad: la ciudad, el idioma, la comida, las costumbres, la gente... Sabía que él era distinto y eso le producía una cierta sensación de incomodidad, como una bola en el estómago que no se deshacía por más que tragara y tragara. Notaba las miradas de las personas con las que se cruzaba en la calle: algunas curiosas, otras extrañadas, otras alarmadas o incluso hostiles. Ram sabía que no todo el mundo veía con buenos ojos que la «gente como él» conviviera con ellos... con sus hijos. Le habían explicado que no pasaba nada, que había programas de integración en otros centros y que, pese a algunos incidentes aislados, todo estaba saliendo más o menos bien. La gente se acostumbraba a la presencia de los chicos como él, terminaban por dejar de mirarlos como a bichos raros y a aceptarlos como parte del grupo. Sin embargo, también era muy consciente de que en aquel barrio, en aquella escuela, él sería el primero. «Un pionero», habían dicho sus padres con orgullo. Ram sabía que también para ellos había sido muy duro dejar su hogar y empezar desde cero en otro sitio. Al principio había sido una aventura emocionante, pero, a aquellas alturas, y tan sólo un mes después de haber llegado, los problemas parecían insalvables. Y Ram lo intentaba, de verdad que sí, pero resultaba duro renunciar a todo lo que había dejado atrás, sobre todo cuando la gente no dejaba de mirarlo con suspicacia sólo por su aspecto. Bueno, era mucho más que su aspecto; era su forma de ver la vida, su mentalidad, sus hábitos... pero todo empezaba con la primera mirada, con aquel momento en que alguien le echaba un vistazo y se ponía a la defensiva. Y Ram estaba cansado de luchar para derribar esa barrera. Quería creer que era algo inconsciente, que el ser humano reaccionaba instintivamente ante todo el que era diferente. Pero aquella idea le hacía sentir una profunda desesperanza: si era algo tan arraigado en la genética humana, ¿cómo superar esa desconfianza instintiva?

Ram franqueó la puerta de entrada de la escuela fingiendo que no notaba las miradas perplejas y desconfiadas de sus compañeros, que no escuchaba sus murmullos: «Mira, es ése», «¡Vaya bicho raro!», «Mi madre dice que, por mucho que digan que vienen de buen rollo, no son de fiar...», «Ojalá no lo pongan en nuestra clase»...

Sí, iba a ser un día muy largo.

Entró en el aula que le habían asignado y se sentó enseguida, en primera fila, un sitio que sabía que nadie quería. No le sorprendió que nadie se sentara a su lado. Sacó un libro en español y se puso a leerlo, para ampliar vocabulario, cerrando su mente a los comentarios de los demás chicos, hasta que entró el profesor y puso orden. Ram alzó la cabeza y esperó a que sucediera lo inevitable.

–Bien –empezó el profesor cuando todos estuvieron sentados y más o menos callados–, todos sabéis que nuestra escuela va a acoger este curso a alguien muy especial... se llama Ram’ez’abaigkiak, pero nos ha dicho que podemos llamarlo simplemente Ram. ¿Puedes levantarte un momento, Ram?

El joven respiró hondo y obedeció. Mientras se volvía hacia sus compañeros, escuchó de nuevo sus murmullos, sus risitas, mientras lo taladraban con la mirada, fijándose en su pelaje moteado, en sus tres globos oculares, en sus largos brazos y en sus manos acabadas en garras prensiles. Nada extraño en el mundo del que procedía. Toda una rareza en la Tierra, como testimoniaban el pesado traje que llevaba para compensar la alta gravedad de su nuevo hogar y los filtros implantados en sus fosas nasales que le permitían respirar el aire oxigenado de la Tierra, venenoso para los de su especie.

–Ram viene de un planeta cercano a la estrella Alfa Centauri, del que todos habréis oído hablar, porque es el único, aparte del nuestro, en el que sabemos que existe vida inteligente. Hace ya tiempo que estamos intercambiando embajadores para estrechar lazos entre ambos mundos, y tenemos la suerte de que nuestra escuela haya sido aceptada dentro del programa de acogida. Estoy seguro de que todos aprenderemos muchísimas cosas de él y de su planeta, y de que este intercambio cultural nos enriquecerá como personas y nos ayudará a ampliar horizontes...

Ram se dio cuenta de que casi nadie escuchaba al profesor. Los jóvenes humanos de la clase lo miraban con expresión hostil. Era extraño, pensó; aquellos chicos y chicas pertenecían a distintas razas y culturas que hasta hacía muy poco habían estado enfrentadas. Pero ahora había descubierto a alguien con quien tenían mucho menos en común, y habían formado una piña ante la «amenaza» exterior. Todos los humanos unidos contra el alienígena, se dijo Ram con amargura. ¿Estaba esa idea inscrita en la esencia de aquellas criaturas? ¿Unirse a sus semejantes en contra del que parece diferente?
Nuc
(Marcos Senna)
Las preguntas que Ram se formulaba provocaron el centelleo involuntario de sus tres ojos, un chispazo que fue percibido por María, la chica sentada más cerca de él. María no supo interpretar aquel destello y sintió un escalofrío recorriendo su espalda.

En los meses anteriores María había recibido, junto al resto de compañeros, charlas y sesiones informativas impartidas por importantes científicos, sociólogos, historiadores y astrónomos. Les habían hablado sobre Alta Centauri, su cultura, las formas de vida, la biología de sus habitantes… A ella, además, la habían seleccionado como la compañera de Ram más cercana físicamente porque había demostrado un enorme interés y curiosidad por todo lo relativo a aquel lejano mundo. Y también porque durante el curso anterior había defendido abiertamente a Senna, cuando éste se había incorporado al colegio, recién llegado del extranjero. Entonces, Deni y sus amigos habían hecho la vida imposible al nuevo compañero, del que se reían constantemente por su color oscuro y sus desgastadas y holgadas ropas.

Ahora, sin embargo, María experimentaba algo nuevo y desconcertante; una sensación inexplicable de angustia y miedo ante lo desconocido.

María miró de reojo a Ram. Luego percibió los gestos que simuladamente le hacía Senna, en dirección a Deni. La chica observó como éste último cuchicheaba y se reía con sus amigos mientras extraía de su mochila un bote de spray, como esos de pimienta que se utilizan para defensa personal, al tiempo que deletreaba, exagerada y silenciosamente: "en-el-re-cre-o".

Entonces la desconfianza de María hacia el joven centauro se disipó rápidamente. Porque si Ram era un ser racional y emocionalmente sensible, ella no iba a consentir que fuera humillado. La chica buscó la mirada aliada de Senna, y éste asintió con la cabeza.

Los tres ojos de Ram le permitían una extraordinaria visión periférica, con la que captó de inmediato el intercambio de miradas y gestos entre María y Senna, e instintivamente se puso alerta.
Nuc
(Rafael Blasco)
Cuando salieron al recreo, Ram quedó sólo. Ya no le miraban con curiosidad, como al principio, sino con indiferencia. Era muy extraño, sí, pero eso dejó de importarle a los demás chicos. Ellos querían divertirse, hablar de sus cosas, hacer planes para el fin de semana. Unos pensaban ir al cine, otros a la playa.

María y Senna fueron la excepción. Se acercaron a Ram, y le dijeron que querían conocerle. Saber más cosas de Alfa Centauri. Preguntarle si allí había templos o deportes.
Ram estaba inquieto, nervioso. Pero se tranquilizó un poco cuando Senna le dijo que quería ser su amigo.

-Amigo. ¿Qué es ser amigo? –dijo Ram.
-Menuda pregunta más difícil –respondió Senna.

María, que había escuchado aquellas palabras, les dijo que empezaban a ser amigos. Porque estaban a gusto juntos. Porque se contaban cosas.

-¿Y tú también quieres ser mi amiga? –preguntó Ram.
-Claro.

Senna le dijo que, si él quería, podían ir al campo de deportes del colegio. Para jugar al fútbol.

-¿Fútbol? ¿Qué es fútbol?
-Eso sí que es imposible de explicar. Pero vienes conmigo y me ves.
-Yo también voy –dijo María.

Deni, al fondo del patio, trataba de organizar alguna broma a costa de Ram, pero no se atrevió al ver que María y Senna le pasaban cada uno un brazo por encima de los extraños hombros metálicos del nuevo alumno.

Senna le dijo a Ram que se pusiera en una portería. Luego cogió un balón y lo situó en el borde del área grande. María le dijo a Ram que tenía que evitar que el balón entrara por el rectángulo que delimitaban unas barras de acero pintadas de blanco.

Senna era el chico de todo el colegio que mejor jugaba al fútbol. Lanzó un disparo muy difícil de detener. Era una “hoja seca”, que así llaman a esos chuts que suben con mucha potencia pero que luego comienzan a caer de repente, despistando a los porteros.

Ram detuvo el disparo sin ningún problema. Le bastó alargar uno de sus largos y flexibles tentáculos.

Poco a poco, algunos chicos del colegio se fueron acercando al campo de deportes. Naturalmente, les parecía prodigioso ver a un extraterrestre jugar al fútbol.

Senna siguió disparando. De todos los modos. Pero no fue capaz de marcar ningún gol. Animados, los alumnos que se habían acercado también quisieron probar suerte, pero nadie fue capaz de marcar.

Al final del recreo, cuando sonó el timbre para ir a clase, María quiso disparar un penalty. Ram hizo todo lo posible por detenerlo, pero el balón entró raso, rápido, muy colocado junto al poste. Había sido gol.

De vuelta a clase, varios compañeros se acercaron a felicitar a Ram. María y Senna sonreían satisfechos; habían conseguido aumentar la popularidad del joven alienígena.

Sin embargo, y precisamente por esa nueva adquirida popularidad, Deni y sus amigos se mostraban claramente enfadados. María, que caminaba detrás de ellos, se dio cuenta enseguida. ¿Qué podían hacer Senna y ella para ayudar a Deni a aceptar a Ram?, pensó la chica.
Desenllaç
(Amina Danfali)
María y Senna estaban desesperados porque temían que Deni y su pandilla le gastaran una broma a Ram. Decidieron acompañarle a su nueva casa. Al llegar Ram les dio las gracias por todo lo que habían hecho por él en su primer día. - Hemos hecho lo que unos buenos amigos harían por su nuevo amigo- dijo Senna despiendóse de Ram. Al día siguiente los chicos se encontraron con Ram en la puerta del instituto. Hoy Ram tampoco pasaría desapercibido ya que todos estaban asombrados por las paradas que hizo en su primer día. Deni y sus amigos pretendían retar a Ram y a sus amigos a un partido. Deni jugaba en el equipo rival de Senna, pero Senna nunca lo había visto como a un rival sino como a un compañero. Al llegar Ram y sus amigos, Deni les dijo si aceptaban el reto. Ram no entendía nada de lo que le decía Deni y le pidió a sus amigos que se lo explicaran. El pobre Ram no entendía nada, el no quería que en su segundo día ya hubiese enemigos en el instituto. - Yo no quiero que en mi segundo día ya tenga rivales. Yo lo único que quiero es que me veáis como uno más.- dijo Ram. - Nosotros no podemos verte como uno más, eres de otra especie- dijo Deni. - ¿Sólo por eso no puedo ser uno más?. No te equivoques, yo no he venido aquí por `placer, yo he tenido que dejar todo lo mío en Alfa Centauri para tener una vida mejor aquí ya que mi planeta no es rico como el vuestro. Ponte en mi lugar, no quiero ser ni popular ni nada de eso. Solo quiero que me veáis como uno más. Quédate con tu fútbol y con tus amigos populares. Yo solo quiero estar con los míos, con las personas que me han apoyado desde el primer día para lograr que me adaptase. Esos son mis verdaderos amigos. No como los tuyos, que lo único que hacen es animarte para gastar bromas pesadas y así hacerte mala persona. Piensa que a personas así no se las considera amigos. Deni ten cabeza y no hagas lo que ellos te pidan, haz lo que tú realmente quieras hacer. En ese momento toda la clase se quedó boquiabierta y todos empezaron a aplaudir a Ram por su valentía, e incluso Deni le ofreció ser su nuevo amigo porque gracias a Ram se había dado cuenta de todos sus errores. Ram solo le puso una condición, que dejase de gastar bromas pesadas a los compañeros en el instituto. Deni aceptó y desde ese día se hicieron muy amigos. Pasaron los días y María, Senna y Deni hicieron que Ram se adaptara a su nuevo estilo de vida. Ram ya no es el bicho raro del instituto y lo más importante, lo consiguió gracias a la ayuda de sus mejores amigos. Yo, Amina Danfali, quisiera dar las gracias a jóvenes que como María, Senna y Deni hacen que otros compañeros se adapten a nuevos estilos de vida.
curs 2009/2010